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Videojuegos y Apps móviles. ¿Aliados o enemigos?

El nacimiento de los Smartphones supuso un cambio de perspectiva en el ocio de nuestro día a día. Música, películas y; cómo no podía ser de otra forma; videojuegos. Si alimentar una serpiente con Snake ya nos ocupó una cantidad ingente de horas en nuestros Nokia, la creación de un imperio desde cero en Clash of Clans o la combinación de dulces se postulan como auténticos “devoradores de tiempo”.

Os debemos una respuesta y esta no podría estar más clara: Videojuegos y aplicaciones móviles son aliados, muy buenos aliados y no verán el Game Over mientras ambos existan.

El razonamiento más simple en este caso es efectivo para descubrir el porqué de este éxito. Los desarrolladores de videojuegos vieron en los Smartphones un mercado amplio y yermo mientras que los jugadores de esta plataforma necesitaban un medio en el que ocupar sus horas “muertas”. Pero hay algo más allá de eso y tiene que ver con una parte de nuestra psicología que estos juegos saben explotar a la perfección.

Tiene que ver con el diseño, el público objetivo y la forma de obtener rédito de los videojuegos. Por su parte, tanto las consolas como el PC tienen su fuente de ingresos en el pago por el propio contenido y en el contenido descargable, ya sea en forma de DLC o de contenido estético adicional. Además, puedes jugar de forma ilimitada, algo que nunca nos habíamos cuestionado como jugadores. Pero los juegos para móviles tienen una concepción totalmente diferente al resto. Con dos metas muy claras: ser adictivos y no resultar pesados al jugador. Y es que el hecho ser un mercado mayoritariamente Free to play lo convierte en volátil e inestable.

Surgen, a partir de estos pequeños matices, una serie de diferencias que afectan al concepto que teníamos de los videojuegos creando una línea evolutiva dentro del sector. Aunque más que evolución sería más correcto hablar de mutación, especímenes con una base común con características especiales.

  • Refuerzo positivo constante.

La caja de Skinner es una técnica de aprendizaje que establece que es probable que un sujeto repita una acción si recibe una recompensa cada vez que la hace. Los desarrolladores siguiendo ese razonamiento nos dan “alimento” cada vez que jugamos a su juego, lo cual nos motiva a seguir jugando. Desde los “Delicius” en Candy Crush, cuando eliminamos una fila entera de caramelos, hasta las recompensas diarias pasando por los pop-up que aparecen cada vez que atrapamos un Pokemon en Pokemon GO para recordarnos el buen entrenador que somos.  

  • Sesiones de juego limitadas.

Aquí es donde comienza la sensación de adicción. Cuando quieres seguir obteniendo recompensas, te queda media hora de trayecto en ese eterno bus y ya no quedan vidas o recompensas que obtener hasta dentro de cierto tiempo. En ese preciso momento tu cerebro comienza a sentir adicción con respecto a ese juego. Y es ahí donde reside el negocio de las aplicaciones freemium. Término acuñado a raíz del surgimiento de aplicaciones gratuitas pero que requieren pagos adicionales para jugar el tiempo que desees.

  • Moneda propia.

El concepto reside en que los gastos in app no se hagan directamente con dinero de curso legal. Compras gemas, lingotes de oro, billetes o manzanas y los intercambias por tiempo de juego, powerups o coleccionables dentro del juego. De esta forma somos menos conscientes del dinero que nos gastamos en disfrazar con un gorro muy bonito a nuestro avatar. Normalmente el cambio de esta moneda es siempre el sueño de cualquier corredor de bolsa: con un euro puedes llegar a obtener del orden de 100 (introduzca la moneda de cambio de su juego móvil favorito).

  • Factor social.

La capacidad de poder conectar con las principales redes sociales y compartir con tus amigos los logros conseguidos o tu progreso en un juego móvil es una característica fundamental. Principalmente por la difusión del juego, pero más allá por la capacidad que la presión social tiene en este mercado. Si todos tus amigos están jugando a un videojuego probablemente lo acabarás haciendo tú también.

 

Con todos estos factores es imposible considerar a los juegos para móviles del mismo modo que un videojuego convencional. Son, como decíamos al principio, una mutación. Esta nueva especie es mucho más resistente al virus de la piratería y hoy en día supone una nueva vía de expansión para el sector, facilitado por el rango de edad tan amplio al que se dirigen y la gran accesibilidad del Smartphone.  Por último, no te sientas mal si has pagado en algún Free to Play, es el precio a pagar por ser humanos.

Alejandro Polo

Protoingeniero de software. Amante de los videojuegos y caster en su faceta más competitiva. Considero que el feedback es un elemento esencial el ámbito profesional.

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